Utilizamos "cookies" propias y de terceros para mejorar nuestros servicios, así como para obtener datos estadísticos de la navegación de los usuarios.
Al aceptar nuestros servicios aceptas el uso de las cookies. Aceptar Más información.

EL PODER DE LAS PALABRAS

EL PODER DE LAS PALABRAS

El 16 julio 2014, Publicado por , en Sin categoría, Con 0 comentarios
 
Uno de los problemas que dificultan la comunicación entre las personas es la literalidad: todos conocemos a gente que tiende a tomarlo todo “al pie de la letra”. Recuerdan las palabras exactas que se pronunciaron y se atienen a ellas, en su sentido literal.
 
Un exceso de literalidad dificulta la comunicación, porque en ésta intervienen otros elementos -emocionales, simbólicos, cognitivos- que no se dejan reconducir a una unidad de sentido.
 
Nietzsche dijo: “La palabra mata, todo lo fijo mata”. Porque limita. El espíritu no se deja atrapar en una fórmula. Por eso mismo, el pueblo judío lee la Biblia como un atributo de Dios, como palabra viva, palabra que cambia, que crece y evoluciona, que va revelando su sentido a lo largo del tiempo. Porque no entendemos todo a la vez. Vamos entendiendo conforme vamos viviendo y teniendo más experiencia. El sentido se nos va dando y deberíamos escuchar la palabra siempre como un acercamiento al sentido, desde la humildad de saber que nunca alcanzaremos a atrapar por entero el espíritu que hay tras la letra.
 
idioma-lengua-letras-y-palabras
 
A veces, la palabra pronunciada resultó ofensiva. Una frase se quedó grabada como una espada que mata algo en nosotros. No podemos olvidar y el dolor sigue ahí. Sin embargo, el dolor –pasado un tiempo- ha de sanar. Si nos quedamos atrapados en él es porque estamos obteniendo algún beneficio y eso resulta enfermizo.
¿Queremos salir de ahí?
 
Ayudaría renunciar a la literalidad, aceptar la imposibilidad de comprender por completo al otro. Pero también ayuda el tomar conciencia de que el otro, cuando habla, habla de él. Niego en el otro algo que niego en mí mismo. La agresividad, la violencia, la ira, son una reacción ante un reflejo. Identificar esa proyección que el otro hace al hablar permite comprender la agresión, la ira o la injusticia como limitaciones ajenas, como síntomas de una enfermedad del alma, enfermedad que requiere tratamiento y cura y que impide la felicidad. Permite acceder a la compasión, primero, y desde ahí, al perdón. Incluso, profundizando más, otorga una vía al auto-conocimiento, pues la ofensa la ponemos nosotros, nuestra reacción. El daño lo permitimos nosotros, porque secretamente aceptamos como verdadero lo que nos agrede. Ahí, también desde la compasión, descubrimos la esencial unidad entre todos los hombres, el rechazo de nuestra sombra, nuestra esencial limitación.

 

 
Comentarios desactivados.