Es frecuente, que las relaciones con las personas de nuestro entorno familiar sean relaciones que, nos generan mayor número de conflictos y malestar en el día a día.Convivir, lleva consigo compartir muchas situaciones y experiencias, y éstas no siempre son agradables y carentes de problemas.
 
El conflicto, en general, lo vivimos como algo negativo, que nos hace sufrir, que nos enfrenta con los demás…La mayoría de las veces, no nos importan los hechos en si, si no la opinión que de ellos tenemos y tienen los demás. Y es aquí donde entran en juego las emociones, las cogniciones que tenemos sobre el mundo, las relaciones, los conflictos, los sentimientos…se podría decir que, «las emociones y cogniciones invaden la convivencia», y todo esto, no lo puede perder de vista un mediador. Este debe saber cómo manejarlas, poseer estrategias para conseguir que sus clientes sean capaces de salir de ese enredo emocional y conceptual en que se encuentran. Y en definitiva,, ayudarles a encontrar «la llave» que les permita abrir la puerta del conflicto, y que por lo tanto,  les va a proporcionar la solución a sus problemas y como consecuencia la paz y libertad que la mayoría de ellos desean.
 
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